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Salud y fuerza

miércoles, 16 de septiembre de 2009

A veces la distancia

A veces la distancia parece una cuchara
que atrapara con calma bocados de paciencia,
la sutil diferencia es que a veces dispara
y lo que era concreto se torna inconsistencia.

Por eso desde lejos te diseño sin tara
peinado y en la cara dispuesta la decencia,
no sé si es tolerancia, quizá condescendencia
que siempre mi tendencia, a ti te dé otra vara.

Si quiero imaginarte como ángel sin recelos
te sitúo en los cielos con mi creatividad
y te quito la rabia y elimino tus celos.

Pero no dejaría de ser la realidad
que tú has sido el causante de todos mis desvelos
destrozando mi vida con tu animalidad.

lunes, 14 de septiembre de 2009

Kayto







Ricardito... ¿Cómo te llamas?
Kayto (Decía con cara inocente.)

Esta inocencia la fue conduciendo hábilmente para convertir la sucia sociedad reinante en un mundo divertido y surrealista , burlándose de aquellas estupideces adultas. Sumergido en un mundo de fantasía infantil, recorre el mundo con globos de “espada ... espada, espada, espaaaaaaadaaaaaaaaaaa...” Y unas carcajadas que nadie puede olvidarlas, una vez oídas.

Kayto, aquel pequeño soñador, se ha convertido en un gran hombre ,capaz de regalar humanidad a cualquier niño que se lo pida, grande o pequeño.

El ángel caído.

Bueno pues soy Kel y me estreno con este pequeño relato. A ver que os parece.
Un saludo a todos.

El ángel caído.

Y bajó desde los oscuros cielos hasta posarse ante mi… mil ángel caído…
Y me miró fijamente a los ojos, tendiéndome la mano.
Yo confundida sentí ante su mirada un estado de plena calma y le entregué mi mano dejándome llevar por ese oscuro ser.

Mágicamente ascendimos hasta los cielos y pude observar esos maravillosos paisajes paradisíacos, llenos de deliciosos manjares, de mágicas y legendarias criaturas.
Sentí la paz, me sentí llena, sentí una felicidad plena y eterna la cual antes nunca jamás había sentido en vida.
Entonces el ser volvió a tenderme su mano mirándome fijamente a los ojos y entendí, que él había estado allí… mientras volvía a entregarle mi mano sin importar lo lejos que me llevase.

Y descendimos hasta los infiernos.
Pude sentir un calor inmenso derritiendo mi piel, sentí todo el sufrimiento inflingido allí, el dolor, la agonía, pude oír los interminables llantos, la locura de aquellos seres que eran torturados eternamente.
Y él volvió a mirarme nuevamente a los ojos y entendí que el había estado allí, no solo como torturador sino también como torturado, pues pude observar unas inmensas cicatrices asomándose por su espalda.
Nuevamente me tendió su mano y yo accedí.

Y me llevo ante un precipicio mientras me miraba a los ojos con esas negras pupilas de las cuales bateaban agitadamente unas pequeñas venas rojizas al compás de mi corazón.
Pues entendí que frente a mi había un inmenso abismo, donde el cielo y el infierno guardaban la peor parte de cada uno de ellos. Pero sin importarme a donde me dirigía o lo que me esperaba allí, volví a entregarle mi mano y el ser me miró una última vez con esos inmensos ojos negros, sin apenas una expresión en su rostro a través de su mano me sentí llena por una vez en toda mi existencia y le entregué mi alma al igual que mi vida.

Autora: Kel Báthory.

FIN DE VERANO

Fue en un atardecer de agosto que no tenía mucho que hacer. Decidí visitar por sorpresa a mi amigo Carlos, con el gusto anticipado, de finalizar el día saboreando unos buenos vasos de vino acompañados de una charla divertida.
Emprendí la ruta con emoción, iba pensando en que tenía muchas cosas que contarle, por ejemplo unos chismes de algunos amigos en común; el ultimo libro que empecé a leer y dejé por aburrido, además de que había escuchado una noticia no muy "santa" de un famoso que ambos conocimos antes de su ascenso a la fama. Mi corazón latía con mayor fuerza cuando pensaba en lo que íbamos a disfrutar. Hacía mucho tiempo que no veía a Carlos y me preguntaba por qué permitíamos que las rutinas nos alejaran, cuando ambos disfrutábamos tanto de estar juntos.
Al llegar a su casa confirmé que no había cambiado nada, la puerta seguía abierta, la música se escuchaba y el aroma del café daba la bienvenida a los posibles visitantes. Para darle una sorpresa no entré por la puerta principal, di la vuelta a la casa y me asomé a la ventana que daba a su estudio, allí estaban su escritorio, sus libros, su cenicero a rebozar y aquel jarrón azul que compramos juntos en el rastro. Empujé la ventana y entré sin dificultad. Me puse a ojear lo que había sobre el escritorio cuando mi mirada tropezó con una foto que no conocía. La tomé y desde el marco de plata unos rostros me sonreían pero no sabía quienes eran. Empecé a sudar, mis manos temblaron y el mundo se borró de mi memoria.

***
Lo siento Carlos, después del incidente en tu casa tuvimos que internarla. La pobre ya no se acordaba ni de comer y nosotros no podíamos atenderla. Te aconsejo que no la visites, es mejor que tengas en tu memoria la mujer alegre que siempre fue.

jueves, 10 de septiembre de 2009

De Tereñes ?


Aquí tenéis al hombre de “Tereñes”, ese que canta a los amigos, todo emocionado, aquella petenera :

Al pie de un árbol sin fruto
me puse a considerar
qué pocos amigos tiene
quién no tiene na que dar.

Amigo de sus amigos, sabe distinguir el que no tiene nada que dar, del crápula que no da "na". Por eso a veces dice: “Aquí un amigo, ahí un conocimiento”.

Lo mismo enamorado del árbol solitario en la cumbre de la sierra, que del bosque umbrío en la ladera de la colina; de los verdes prados en su Asturias o de la roca reseca en la Almijara de su alma. De su mujer de toda una vida, que de la belleza de la mujer que vio hace muchos años, en el umbral de una puerta de un pueblo desconocido, al pasar en coche ante ella.
Lo mismo canta a la piedra de la playa, que da de regalo a una amiga, que a la sombra de la higuera que da cobijo al mirlo. A la barca solitaria que vio esta mañana o a la barca que hacía el calafate cuando niño, en la playa.

No le importa ser de Tereñes, de Piedra, de Granada o Nerja, le importa la tierra y su gente. El pararse a charlar con el conocido de toda la vida a preguntar como va la familia o al recién conocido a ver que tiempo hará mañana.

Sabe del tiempo pasado, pero tiene esperanza en el futuro. Espera la alegría de los amigos, la familia y los nietos, para recorrer juntos caminos abiertos a un mañana que desea lejano.

Piedra

Rima triangular: el miembro familiar


Siempre había tenido esa fantasía; hacerlo con María y con su gemela, Adela.

Puso una vela a san Cracopio, santo del erotismo y del opio, del cual era devoto. Además tenía una foto de las mellizas, lozanas ellas y rollizas, de orondo busto; justo su gusto.
Un día ocurrió el portento; María arribó a su apartamento y de estela, la otra gemela, que se quedó agazapada cerca de la entrada.
— Luís, ¿hacemos un tris a tris?, —dijo la picaruela— ya sabes; tú, yo y Adela.
— ¡Milagro de san Cracopio!—caviló él, haciendo acopio de compostura pero recreándose en la aventura.
Propuso a María un antojo que tenía; se lo expuso, rojo el semblante, hablándole de un cuarto amante, arengándole con persuasión que él lo estimaba un montón y, si le daba esta satisfacción, explicó a María, eternamente lo agradecería, y acabó de repente, porque ella ya decía.
—Se lo digo a Adela a ver si cuela; mas tu propuesta es deshonesta y estrambótica.
—Pero es muy erótica, ¿qué te cuesta?—dijo él con voz de miel.
María se acercó a su gemela, que nada oía ni oyó, inocentuela. Entraron a la par en el salón, se miraron, y sin mirar al varón, se ocultaron.
Se cerró la puerta. Alerta: dentro se oyó un parlamento, primero cordial, después violento: ¿Y qué tal? ¿Habrá algún modo? —era la voz de María— ¡Ni aunque fuera un gentil godo, hermana mía! —siguió Adela cerril y huraña como una araña.
Y al punto salen a dúo, los ojos igual que un búho, dando un portazo; dentro Luís, cejunto y gris, ¡qué fracaso!
Enfurruñado fue al altar del santo y encaróse descarado, sin vacilar, mojado en llanto.
— ¡Teníamos tanta fe, yo y mi antecesor! —le gritó al pie— ¡traidor!
Entretanto, las damas en concilio llenas de espanto en su domicilio.
— ¡Está demente! —dijo la una— ¿Y cómo va a estar ardiente un pene tan vetusto?
— ¡Vaya susto! —expuso la otra—, no es sólo añejo sino inmundo, aunque parejo, pero redundo, pene muy viejo, ¡y sin hombre! ¿No hay quién se asombre? ¿Será cierto que eso muerto y disecado es de su antepasado, Don Cleto?
—E íbamos a ser cuarteto, era su antojo; por estima a su pariente, que era cojo, pero potente.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

El árbol, de Carmen Tomás Asensio

En las raíces del árbol
que se asoma a la campiña
verde y perfumada,
se guardan
los recuerdos de mi vida.

Mis ilusiones
y mis esperanzas.

Todo lo que viví
y lo que sólo fueron proyectos
que no se terminaron,
los frutos que logramos,
si perduran.

Lo disfrutamos los dos,
y sola, ahora los tengo.

Tú ya no estás
¿en quién puedo apoyarme?

Los hijos fueron nuestros
y al marcharse,
ya no nos pertenecen.

Buscaron sus caminos,
hicieron sus proyectos.
Los lazos del cariño
están. No se rompieron.



Carmen Tomás Asensio

*Carmen no sabe que este poema se lo he publicado porque pretendo darle una sorpresa

lunes, 7 de septiembre de 2009

Hocus Pocus





Libro muy interesante para Humanos y Magos, en él se cuenta la historia de un enamorado de la Magia que pretende hacer su primera actuación en un teatro. Con la ayuda de los Grandes de la Magia, tal vez lo consiga... (También tiene juegos mágicos para hacer...)