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Autora del texto: Kel Báthory

Inspirada en la novela
Clara y la penumbra de
José Carlos Somoza
Clara y la penumbra de
José Carlos Somoza
Con la boca llena de espuma con sabor a menta se asoma a la ventana, retira el visillo y descubre a su adolescente vecina, una joven rubia, flaca, hermosa y rabiosa mujer que la contempla con los ojos anegados de admiración.
Es curioso, alcanza a pensar mientras cambia de lado el cepillo de dientes, nunca le molestaron los chillidos de aquella joven que intentaba cantar como Amy Wenhouse, nunca le irritaron las peleas de ésta con su madre, pero sí le intrigaba el llanto, que a veces venía de la casa de sus vecinos, era como el llanto de un niño, con hipidos y estremecimientos. ¿Qué haría llorar a aquella adolescente? Pero se retiraba porque le daba vergüenza meterse en la vida de otras personas.
Esa misma vergüenza la siente ahora ante el cuerpo de la chica, se retira inmediatamente sintiéndose culpable. Pero: Un momento, es ella quien se está metiendo en su casa, es la joven quien se asoma a su vida, es ella quien debería sentirse avergonzada. Sin embargo culpa a su halo de estrellas por la fascinación que ejerce sobre la chica.
Vuelve a la cama con la boca limpia y fresca, su cama es el campo libre de obstáculos que imaginaba instantes antes, la sábana roja es la tierra tropical que la acogió cuando llegó al mundo, el frío es el clima de la ciudad que la recibió hace muchos años y la noche es el marco en el cual se abandona hasta que los dedos del sueño recogen sus músculos cansados cada noche.
Un segundo antes, cuando apenas se está elevando de su lecho presiente el cuerpo de la joven en el pasillo, la intuye titubeando frente al espejo del recibidor, imagina las largas y flacas piernas saltando de baldosa en baldosa hasta colocar su humanidad debajo del marco de su ventana y en ese camino se ven sobre el piso, abandonadas a su suerte, las piezas de ropa con que se suele vestir.
Desnudo aquel esqueleto joven se mete en su cama, se acurruca a su lado pretendiendo calentar sus huesos y el calor de sus huesos dibuja un hombre que se acerca en celo. El esqueleto adolescente desaparece y la mujer se enciende por recorrer esas venas, por aferrarse a esas enredaderas azules bajo la piel blanca.