Aún nadie sabía cómo, incluso pensaban en lo más lógico: es una leyenda urbana Y sin embargo aquella sombra entre dos rocas graníticas era un auténtico agujero del tiempo por el que se comenzaban a colar ilegales de otros tiempos para traer mensajes indescifrables. Nadie supo cómo cerrar esa aduana, principal foco de una revuelta segura.
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Salud y fuerza
jueves, 29 de septiembre de 2011
Viajero
Aún nadie sabía cómo, incluso pensaban en lo más lógico: es una leyenda urbana Y sin embargo aquella sombra entre dos rocas graníticas era un auténtico agujero del tiempo por el que se comenzaban a colar ilegales de otros tiempos para traer mensajes indescifrables. Nadie supo cómo cerrar esa aduana, principal foco de una revuelta segura.
La Orilla opuesta
Aquel pequeño pueblo levantado junto a un río, durante los momentos de descanso disfrutaba de sus aguas o simplemente del paisaje que ofrecían las montañas rocosas de la orilla opuesta, con cuevas que las recorrían como laberintos. Nadie se aventuraba a entrar en ellas por temor; una vieja leyenda contaba que un ser de aspecto humanoide pero aterrador, habitaba en ellas alimentándose de quien osara aventurarse en sus dominios.
Una tarde de intenso calor los niños que jugaban y nadaban en el lugar, demoraron mas de lo permitido, llegaron a sus casas corriendo, jadeantes, seguidos de cerca por la madre de uno de ellos que, preocupada por la demora había ido en su búsqueda, estaba desorbitada, aterrada, los reprendía. Al llegar pidió a sus vecinos una reunión urgente, les contó haber visto emergiendo y sumergiéndose en el río, al engendro que vivía en las montañas, lo describía como un ser gigante, deforme, con cuatro brazos, que
ponía en grave peligro a sus hijos. Los pequeños solo pudieron asentir y
confesar que siempre, en ausencia de sus padres, encontraban a ese amigo con quien jugaban, se divertían, le habían tomado gran cariño, y los protegía cuando alguno de ellos se adentraba en una zona donde las aguas formaban un remolino que los succionaba hacia el fondo. Sus quejas, lamentos y llantos fueron ignorados por los asustados adultos cuando con armas de fuego fueron en busca del monstruo, no lo hallaron, pero ante un pavor instintivo, dispararon todo el arsenal contra las montañas.
Nunca más los chiquillos pudieron retozar en el río con su estrafalario amigo,
pero se observaban mutuamente a través de una grieta, veían sus deformes
ojos con aspecto triste, solo ellos sabían que la pequeña cascada de agua que
había comenzado a brotar, estaba formada por lágrimas.
martes, 27 de septiembre de 2011
lunes, 26 de septiembre de 2011
Juego Otoñal
viernes, 23 de septiembre de 2011
Animalada Libertaria

El satélite de comunicaciones más importante del momento, se estrelló estrepitosamente contra la Casa Blanca, dejando un reguero de llamas que se veía desde todos los puntos de la ciudad de Washington.
A varios kms. de allí, un grupo de animales, liderados por una Zorra, corrían libremente por el campo, entre aullidos y saltos de alegría. Su libertad era absoluta.
Ojo Clínico

Esto es un vendedor, y no los del Corte Inglés
Juan no tenía problemas y era feliz. Un día empezó a sufrir dolores de cabeza, ligeros al principio, pero que fueron aumentando hasta llegar a ser insoportables.
Cuando su trabajo y su vida empezaron a ser afectados por este problema, Juan se decidió a ir al médico.
El especialista lo examinó, realizó radiografías, muestras de sangre, de heces, de orina, y por fin le dijo:
• Le tengo una noticia buena y una mala. La buena es que puedo curarle sus dolores de cabeza. La mala es que para hacerlo tendré que castrarlo. Usted sufre una rara situación en la que sus testículos oprimen la base de su columna vertebral, y eso le causa dolores de cabeza. La única manera de remediarlo es extirpar sus testículos.
Juan quedó deprimido, pero sus jaquecas empeoraban y desesperado decidió someterse a la operación. Al salir del hospital, el dolor de cabeza había desaparecido por completo, pero se sentía abatido y desanimado, como si le faltara una parte de sí mismo (obviamente).
• Lo que necesito es un traje nuevo, pensó.
Así que entró en la tienda y pidió un traje. El vendedor lo observó por un momento y dijo:
• Muy bien, talla 44.
• ¡Exacto! ¿Cómo lo supo?
• Es mi trabajo -repuso el vendedor-.
Juan se probó el traje, que le quedó perfectamente.
Mientras se observaba en el espejo, el vendedor le dijo:
• ¿Qué le parece una camisa nueva?
Juan respondió:
• Pues, ¿por qué no?
• Veamos, ha de ser un 34 de mangas y dieciséis de cuello.
• ¿Cómo lo supo?
• Es mi trabajo -repitió el vendedor-.
Juan se puso la camisa y mientras se veía en el espejo, el vendedor le dijo:
• ¿Unos zapatos nuevos?
• Por supuesto -dijo-.
El vendedor echó un vistazo a los pies de Juan.
• Un 42.
• ¡Exacto! ¿Cómo lo supo?
• Es mi trabajo -respondió el vendedor-
Mientras Juan admiraba sus zapatos nuevos, el vendedor le preguntó:
• ¿Qué le parece si se lleva también unos calzoncillos nuevos?
Juan por un segundo pensó en la operación que acababa de sufrir, y dijo:
• ¡Buena idea!
• Debe ser calzoncillo de talla 36 dijo el vendedor
Juan se rió:
• No, se equivoca. He usado talla 34 desde los dieciocho años.
El vendedor negó con la cabeza:
• No es posible que use la 34; el calzoncillo estaría demasiado apretado, le presionaría los huevos contra la base de la columna y tendría todo el día un tremendo dolor de cabeza...
(Anónimo)
jueves, 22 de septiembre de 2011
El RAP DE LA PÚBLICA

Oye muchacho, si no quieres estudiar,
Esperanza Aguirre te va ayudar.
¿Pa qué quieres estudiar
el románico,
si tú lo que quieres
es ser mecánico?
Oye, muchacha, si no quieres estudiar,
Esperanza Aguirre te va ayudar.
¿Pa qué quieres estudiar
la biosfera,
si tú lo que quieres es ser peluquera?
Si has nacido en un barrio obrero
a Espe no le hagas gastar dinero.
Si no eres de clase alta
a ti estudiar no te hace falta.
Oye, muchacho, si no quieres estudiar,
Esperanza Aguirre te va ayudar.
¿Pa qué quieres saber
la vida de la abeja, si vas a ser chacha
en La Moraleja?
Para qué quieres
tu poco de cultura si vas a conducir
el camión de la basura?
Cuanto antes los pobres
dejen de estudiar,
menos pasta Espe se tiene que gastar
Si eres inmigrante y vienes en patera,
solo te queda currar en la era.
Ponerte a estudiar es tiempo perdido;
vas a currar a los plásticos del Egido.
Oye, muchacho, si eres gitano
¿a ti qué te importa el Imperio Romano?.
¿Pa qué te interesa lo que pasó en Creta,
pa ir con tu padre en la fregoneta?
Si has nacido en un barrio obrero,
a Espe no le hagas gastar dinero.
Si no eres de la clase alta,
a ti estudiar no te hace falta.
Oye, muchacho, si no quieres estudiar,
Esperanza Aguirre te va ayudar.
¿Para qué quieres estudiar
a los Borbones,
si vas por las calles cogiendo cartones?
Oye, muchacha, si no quieres estudiar,
Esperanza Aguirre te va ayudar.
¿Pa qué te sirve
estudiar a Murillo,
pa vender bragas
en el mercadillo?
¿Para qué quieres
conocer a Larra,
si vas a ir
recogiendo chatarra?
Cuanto antes los pobres
dejen de estudiar,
menos pasta Espe se tiene que gastar.
Si has nacido en un barrio obrero,
a Espe no le hagas gastar dinero.
Si no eres de clase alta,
a ti estudiar no te hace falta
Anónimo
miércoles, 21 de septiembre de 2011
El Hierro vibra
El Hierro es una isla pequeña y preciosa, para ir a ella sólo a descansar y soñar, para respirar sin agobios y pescar o bucear en sus mares pródigos y limpios. Yo he estado en ella varias veces y me encantó. Tiene un pueblo marinero con restaurantes de pescado, encantadores, en ellos se hace la sopa de lapas sabrosísima. Tiene esta isla unos miradores contemplativos, es decir, que en ellos la paz es inmensa, sólo se oyen los pájaros y los insectos, todo lo demás es calma, entonces desde el mirador, cualquiera de ellos, contemplas los paisajes que parecen irreales por lo hermosamente serenos. Pareciera que estás mirando un cuadro, es algo que me emocionó mucho cuando lo disfruté. En El Hierro hay un árbol que se llama Garoé, era el árbol sagrado de los bimbaches, que son los antiguos aborígenes de El Hierro. Es un árbol “mágico”, destila agua a raudales y debajo de él, los bimbaches hacían una especie de poza para luego recoger el líquido que volcaban sus hojas. Los vientos alisios traían la bruma que producía lloviznas o incluso sólo rocíos débiles, las hojas del Garoé almacenaban esta agua, tanta agua, y luego la derramaban dadivosos a los nativos. Todavía queda al menos un Garoé en El Hierro.
El Hierro es el paraíso de la paz, es la isla del sosiego y la armonía. Allí los turistas van a holgar, a meditar, a respirar.
Como anécdota personal decir que una vez que fui a esta isla de vacaciones y encontrándome cerca del mar, al lado de unas hélices de lava hermosísimas , un turista alemán se acercó a mí y me dijo con palabras mal traducidas al español y bastante alborotado: “Tú tener isla muy, muy bonita, tu isla me hechizó, tú ser orgullosa de tener tanta belleza, tú debes dar gracias por vivir aquí” Bueno, yo le agradecí estas emocionadas palabras, sin aclararle que yo también estaba allí de vacaciones, que no era mi isla oriunda aunque sí una de mis islas. Pero tenía razón el germánico, realmente me sentía orgullosa de ella.
Y ahora palpita, El Hierro palpita sin parar, su corazón no cesa de latir y su tierra vibra, acaso ansiosa por mostrar al mundo su ardor. Si llega a ser así, que sea un magnífico volcán para que el mundo lo contemple, sin perjuicios a la población. Ojalá.
Asalto sorpresa

En su quehacer cotidiano siempre le asalta la misma imagen, no importa si está en una reunión de negocios, o almorzando con las amigas, o planchando sus blusas de seda… es desesperante, sobre todo cuando hace el amor.
El orgasmo desaparece como por encanto cuando su cerebro le muestra a esas mujeres envueltas en condones gigantes, abriendo y cerrando la boca, gritando en un esfuerzo inútil por expresarse, dicen que son las interpretes de monólogos de la vagina.
lunes, 19 de septiembre de 2011
( )
sábado, 17 de septiembre de 2011
Vieja Nerja
lunes, 12 de septiembre de 2011
Arte tardío
viernes, 9 de septiembre de 2011
Nunca dudes de mi.
Nunca dudes de mis palabras y mucho menos, de mis silencios. Duda, si quieres, del universo, de la verdad, de las mentiras, de cuanto ves, oyes y degustas, de las caricias, de otros besos... duda de cuanto quieras, pero nunca dudes de mis silencios.
Mis silencios callan que te quiero.
Alberto.
Foto: Alberto de Quintana
jueves, 8 de septiembre de 2011
Rupturas

Había una vez un hombre que no entendía nada, un hombre que se perdió una noche en medio de los raíles de un tren, un hombre cuyas orejas escuchaban los gritos de una mujer que adora, un cerebro desconcertado por esa escena, una noche de luna llena, unos árboles susurrando y un rostro hermoso que se fue poniendo rojo, una voz dulce que se quebraba y unas manos que en vez de acariciar saltaban inquietas de un lado para otro.
Estaban terminando. Estaban abandonando a ese hombre y las palabras duras golpearon en el acero y rebotaron rompiéndole los talones.
Después fue silencio, la silueta se diluyó en la niebla y él dejó un rastro de sangre hasta el bar. Las botellas de cerveza se acumularon sobre la mesa y aunque el cerebro ya estaba donde él quería los talones seguían sangrando.
Dos mesas más adelante unas mujeres hablaban y en aquel hombre crecían las ganas de escuchar lo que decían, a través del líquido de la cerveza las veía reír, romper el espacio con sus gestos, dibujar en al aire sentimientos, a veces se centraba en el brillo de sus dientes, otras en la curva de su cuello, y por momentos pensaba que no eran reales, era como si estuviera viendo la tele con el volumen bajo, y empezó a desesperarse, en un fugaz instante su cerebro le preguntó qué hacía observando a esas mujeres, no tenía derecho a… claro que no era mejor irse, pero cómo hacerlo sin entender.
¿Cómo dormir esa noche sin entender qué había pasado? ¿Por qué le habían roto los talones?
Las mujeres se marcharon sin que él se diera cuenta, los hombres también, y en esta última escena sólo había un hombre borracho, con los talones rotos que no entendía a las mujeres.
¿Dónde se nos fueron los años?

- ¡Por los amores perdidos!
- ¡Por las mujeres libres!
- ¡Por nosotras!
- ¡Porque la noche sea eterna!
Me gusta eso, volvamos a brindar por la eternidad de la noche, ¡Salud!
Cuatro hermosas mujeres, cuatro elegantes mujeres, igualitas a las protagonistas de sexo en Nueva York. Cuatro adoradoras de carteras Gucci y zapatos Blanhik aunque clientes chinese's shop, reunidas en un rincón de la liguesdisco, brindan con cubatas por lo primero que se les ocurre.
Cada sorbo digiere un amor perdido, un trabajo soso, una soledad o una familia respondona, pero la noche es joven, los cuerpos quieren marcha, además es jueves de la mujer y las copas son gratis.
Hips don't lie y las melenas se deshacen - tantas horas con la plancha - pero no importa, la noche es joven, las ganas se renuevan. La pista está llena de parejas moviendo las caderas, los cuerpos se juntan para separarse en vaivén, las luces enloquecen, un cañón de humo borra las penas. El tiempo desaparece, los cubatas se agotan y la madrugada las conduce por calles pobladas de gente que vuelve a casa.
Las cuatro mujeres emanando humos de diversión avanzan por la calle. Un camión de limpieza las baña con la brisa y ellas corren a proteger sus trajes y sus pelos de los efectos del agua. En su carrera desembocan en una calle conocida por todas y tres de las amigas miran a la cuarta con un interrogante en la boca. ¿No es ahí dónde vive?
- Si responde ella -
Las amigas se toman de la mano y sin pronunciar una sola sílaba, ya saben lo que van a hacer. Se acercan al portal, una de ellas toma la iniciativa y sin querer su dedo índice se adhiere al botón del ático 6D.
Luego echan a correr calle abajo, uno de los tacones Blanhik se rompe, un vestido se rasga, un bolso vuela por los aires y sin embargo no paran hasta dos calles más abajo, lejos de la posible mirada de un hombre asomado al balcón.
Un taxi las recoge y ellas no paran de reír hasta que el taxi les pregunta: ¿Dónde van las señoras? Esa frase cortó de un tajo las risas, SEÑORAS y la diversión se fue al carajo.