
No lo podía creer el grave accidente que había padecido con el coche le había devuelto a una realidad distinta y a la vez mucho más rica. Tres tipos de tonos de color eran percibidos a la vez por sus ojos. Una realidad mucho más compleja y rica se ofrecía ante él, el resto de su vida. Nunca su existencia volvió a ser igual. Jamás la tristeza invadió su espirítu. La objetividad era el rasgo dominante de su existencia.
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