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Salud y fuerza

jueves, 28 de mayo de 2009

Gulpiyuri. Dos versiones


El espino blanco se inclina a mirar sorprendido el arenal, tan recoleto, que parece de juguete. El agua quiere salir de su estrechez, y de vez en cuando, rota en blanca espuma, asoma por la abertura de la cueva alcanzando la playa.
Si, es una playa. No se divisa la mar, pero el agua es salada y rompe con fuerza a través de la oscuridad, buscando su querencia de arena. Poco a poco con la ayuda de la marea, va conquistando el espacio y forma una laguna de agua trasparente.
Ya tenemos una playa completa, con agua donde nadar plácidamente y arena para tomar el sol. Sólo nos falta la mar, a cambio tenemos los campos y prados que la rodean y le dan ese aire extraño, como si la hierba cansada de verde se hiciese blanca un momento.
Es Gulpiyuri, incluso su nombre tiene resonancia a algo distinto, especial, como de un cuento en idioma ancestral, anterior al castellano.


En las calizas del carbonífero superior que forma el karst costero de la rasa de Llanes, existen infinidad de galerías que comunican con el mar; algunas tienen pozos por donde asciende el agua marina dividida en finisimas gotas y forman los conocidos bufones; otras, como es el caso de Gulpiyuri, se desplomaron formando una dolina, que al comunicar con el mar origina una playa en la depresión.

Fotografia de Gulpiyuri, (Llanes). Miguel Bueno

2 comentarios:

  1. Miguel, Piedra, tienes duende. Tienes la cualidad de transmitir serenidad y situar, llevarnos de la mano por tu calma.
    Hay días que se agradece sobremanera y hoy es uno de ellos.

    Gracias, gracias y gracias

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  2. No me canso de leer tus maravillosos relatos descriptivos, Piedra. Los leo y los releo y siempre hallo algo nuevo, o imagino el lugar de otra forma, ahora me he imaginado esas playas sin mar mejor que la primera vez que lo leí.
    Todo un placer.

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